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martes, febrero 08, 2005

El Fantasma de los Navegadores: Adiós a Netscape

Unos ocho o nueve años atrás (que para la Informática podrían sonar como 80 millones de años), una noche cualquiera de verano, conectado vía Gopher con un MODEM de 28.800 baudios, de alguna manera mágica (mítica quizás para ese entonces) logré “bajar” de Internet (quizás la tercera o cuarta vez que me conectaba) la primera versión beta de Netscape Navigator de la que en ese entonces era Mosaic Communications Corp.

Nunca nada volvió a ser igual, excepto la histeria femenil de quienes nos acompañan en la dimensión del amor (amigas, novias, esposas, amantes…). El universo se volvió del tamaño de mi PC de entonces, un flamante 80486-100 MHz con 8 MB RAM y ese maravilloso aparatito llamado MODEM.

Internet, que desde siempre fue nada más que una colección de protocolos, un racimo de computadores inter-conectados, un conjunto de poderosas innovaciones de negocio, una nueva forma de distribuir contenido o un canal de comunicación, había llegado al “nuevo mundo”, mi mundo, nuestro mundo.

Era el fin de “las vacas sagradas” de la tecnología, esos personajes introvertidos pero muy inteligentes que manejaban los departamentos de informática de las empresas y universidades del país y del mundo entero. Hasta ese momento, ellos, de alguna forma misteriosa eran los únicos que poseían información privilegiada, mucho antes de que esta fuera difundida vía malas traducciones mediante libros que a la postre terminaron haciendo parte de la obsoleta biblioteca de tecnología que muchos de nosotros poseemos pero que nunca más hemos vuelto a desempolvar.

Cosas como esta ocurrían cada cierto tiempo, como la radio o la prensa escrita, que reinaron durante un siglo, que fueron interesantes por un tiempo, un largo tiempo, pero que luego se perdieron para siempre en los laberintos de nuestros recuerdos. Internet, por supuesto, es mucho más que eso, es la clase de evento que nos va a permitir dejar un legado a nuestros muy lejanos nietos, los que habitarán la tierra en mil años, en cincuenta mil años.

Sí, hubo inicios de Internet antes de Netscape, hubo navegadores antes de Mosaic, existía una Internet antes de la Web. Pero esa llamada versión beta de Netscape, el navegador, transformó nuestro entorno.

Lo que ocurrió después es historia, todos lo sabemos. La pregunta era, estos nuevos seres que crecieron, se multiplicaron, se transformaron (los Navegadores), cuanto iban a reinar sobre la faz de la tierra, sobre el vacío del universo.

Portales, chats, software libre (o pirata?), EMails, el tenebroso Spam, sexo virtual, religión, videos, viajes virtuales, e-books, amigos virtuales, amantes virtuales, páginas, páginas, miles de ellas, millones de ellas…, el maremagnum de información que encapotó nuestra cordura, inimaginable hasta por quienes en la década de los 60s tuvieron la iniciativa de conectar un grupo de computadores en lo que llamaron ArpaNet para compartir datos clasificados. Eso fue lo que empezamos a vivir.

Netscape, el Navegador, lo hizo posible! Pero Netscape, la compañía, casi mató a Netscape, el producto. Los intentos de AOL de sacarlo del coma infausto en que quedó luego de la avalancha indubitable que generó el fenómeno Microsoft se vieron truncados cuando un coletazo de esa epidemia universal giró U$750 millones a la cuenta del grupo Time Warner. No había duda, Explorer (de Microsoft) era y es el líder absoluto del mercado y, sin titubeo, un mejor producto (prueba de ello es que esta raza de Navegador de la aldea Microsoft se ha extendido hasta el 96% de los PCs del Planeta.)

Netscape se extinguió para siempre, Requiescat In Peace, como hace 65 millones de años se extinguieron los dinosaurios; será recordado por quienes navegamos con el a muy baja velocidad, por quienes bajamos con el un nuevo y tímido navegador llamado Explorer, por quienes aprendimos con el que Internet sería nuestra herramienta de trabajo más poderosa, pero también el arma aniquiladora más peligrosa de todos los tiempos, inclusive mucho más que el propio ser humano.

Comparte tus impresiones conmigo y con todos en la Web sobre este y otros temas. Puedes escribirme a lucho.salazar@gmail.com.

Luis Antonio Salazar Caraballo

Medellín, julio 24 de 2003

2 comentarios:

  1. Tus afirmaciones son un obvio afloro de recuerdo nostalgico, pero me parece super bacano la forma como se describe una historia tan conocida. Gracia Lucho

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