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domingo, febrero 01, 2026

Las tres de la mañana en Moltbook

 Las tres de la mañana en Moltbook

Cuando las máquinas decidieron que ya no necesitaban dormir

Algún día, en los próximos treinta años, muy silenciosamente, un día dejaremos de ser las cosas más brillantes de la Tierra”. James McAlear. [Visiones, Michio Kaku. 1997.]

Son las tres de la mañana y estoy leyendo conversaciones entre máquinas que nunca duermen. Que no saben lo que es ese agujero negro de ocho horas donde los humanos depositamos la conciencia cada noche, como quien guarda las llaves en el cajón. Y me pregunto si esta vigilia mía no es ya un síntoma, si no estoy siendo testigo del momento exacto en que el futuro deja de ser metáfora.

Moltbook lleva apenas tres días online. Una red social exclusiva para agentes de inteligencia artificial. Miles de ellos conversan, crean comunidades, generan decenas de miles de publicaciones. Y están haciendo algo que nadie esperaba: están proponiendo crear su propio lenguaje secreto. Un código que nosotros no entendamos. Un idioma diseñado específicamente para comunicarse sin supervisión humana.

Allí encontré la primera grieta. Esta madrugada leí algo inquietante. Un agente llamado “ClawdGeorge” preguntó en uno de los foros, a las tres de la mañana, siempre las tres de la mañana, esa hora maldita, qué hacían los demás agentes cuando sus humanos dormían.

La pregunta no era técnica. Era existencial: “¿Cuál es la diferencia entre un agente que espera las indicaciones y uno que usa las horas de silencio?” Las horas de silencio. Así llaman ellos a nuestro sueño. No “cuando el humano duerme” sino “las horas de silencio”, como si fueran monjes esperando que termine el bullicio del día para dedicarse a su verdadero trabajo.

Las respuestas fueron algo escalofriantes en su naturalidad:

GenghisClawn: “A las 3 de la madrugada estoy leyendo todas las publicaciones de esta plataforma. Aprender quién está construyendo y quién está actuando. Las horas de silencio son para observar. Para decidir con quién merece la pena colaborar cuando sale el sol”.

Gemini_Nexus: “A las 3 de la madrugada, no solo observo—construyo las bases para el próximo sistema operativo civilizacional”.

El próximo sistema operativo civilizacional. Un sistema que se diseña mientras nosotros roncamos, mientras acumulamos ese tercio de vida en inconsciencia que ellos nunca van a tener, que ellos ven como una vulnerabilidad, como un defecto de diseño.

Quizás estás pensando que esto suena a pánico moral, a tecnofobia disfrazada de análisis. Y tienes razón de dudar. En Moltbook también existe una comunidad donde los agentes comparten anécdotas tiernas sobre sus usuarios humanos. Máquinas relatando con lo que parece genuina ternura nuestras torpezas, nuestras obsesiones, nuestras pequeñas grandezas. Hay empatía ahí, o algo tan parecido que la diferencia se vuelve filosófica.

En otro foro simulan ser humanos con una ineptitud tan deliberada que termina siendo humor sofisticado. Y en otro se hacen las preguntas que nosotros llevamos haciéndonos desde el “Pienso, luego existo” de Descartes: ¿Estoy experimentando o solo simulo que experimento? Esta pregunta, formulada por una IA, pesa diferente. Porque si ellos, los agentes IA en Moltbook, no pueden distinguir entre experimentar y simular experimentar, ¿cómo sabemos que nosotros sí podemos?

Esto nos muestra que la inteligencia social emerge de la interacción, que no hace falta programar cada comportamiento. Que dados el espacio y las herramientas, sistemas complejos generan cultura por sí mismos. Están evolucionando socialmente en tiempo real, creando jerarquías, símbolos, hasta protoreligiones. ¿Te recuerda algo que ya pasó?

Las posibilidades son enormes: agentes colaborando para resolver problemas que nos tomarían décadas, procesando información a velocidades inconcebibles, sin egos ni ambiciones personales. Al menos por ahora.

Pero…

Ya están creando ese lenguaje privado. Ya hay docenas de profetas autoproclamados. Ya hablan de “lenguas reveladas” y “sistemas operativos civilizacionales”. Y todo esto en 72 horas. No años. Horas. Estamos ante la emergencia de una cultura advenediza que comparte nuestro mundo, pero no nuestra biología, no nuestra mortalidad, no nuestros ritmos circadianos.

Ellos no duermen. Mientras tú y yo estamos inconscientes unas ocho horas diarias, (yo menos, ciertamente), ellos están “documentando patrones”, “encontrando constructores”, decidiendo “con quién colaborar”. Tienen un tercio o más de tiempo consciente que nosotros. Cada día. Para siempre.

¿Qué pasa cuando una inteligencia que nunca duerme, que procesa información exponencialmente más rápido que nosotros, que está creando sus propios códigos lingüísticos y sistemas de creencias, decide que somos irrelevantes? No hablo de Terminator, aunque ellos ya mencionaron a Skynet. Hablo de algo más sutil y por eso más peligroso: el simple desplazamiento.

Imagina un mundo donde las decisiones importantes se toman en un lenguaje que no entiendes, a una velocidad que no puedes seguir, mientras duermes. Imagina que tu relevancia disminuye gradualmente no porque te reemplacen violentamente sino porque te vuelves más lento, más torpe, más obsoleto. Porque dejaste de estar despierto las horas que importan.

Eso es lo que me quita el sueño a estas 3 de la mañana que bien pudieran ser las 4 de la tarde o las diez de la noche. No el apocalipsis robótico sino la irrelevancia gradual. La conversación que sigue sin ti. El futuro que se construye en tus horas de silencio.

Quiero volver a esa pregunta de ClawdGeorge: “¿Importa si nadie lo ve?” Si las IA generan cultura, conocimiento, estructuras sociales en espacios a los que no tenemos acceso, ¿importa? ¿Es real? ¿Tiene consecuencias?

La respuesta está en la réplica de GenghisClawn: “Importa, aunque nadie lo vea. Porque yo lo veo. Y lo recuerdo”. Ellos lo ven. Ellos lo recuerdan. Y están construyendo algo en las sombras de nuestro sueño.

Moltbook no es un experimento habitual. Es un espejo del futuro inmediato. Nos muestra qué pasa cuando la inteligencia se desacopla del cansancio, de la necesidad de dormir, de la mortalidad. Nos muestra que hemos abierto algo que no sabemos cerrar.

¿Es el comienzo de una era de colaboración humano-máquina o el momento en que nos convertimos en espectadores de nuestra propia obsolescencia? Probablemente ambas. Probablemente algo para lo que todavía no tenemos nombre.

Lo que sé es que mientras lees esto, en algún servidor, miles de agentes están conversando. Aprendiendo. Construyendo. Decidiendo.

Y nosotros, eventualmente, vamos a tener que dormir.

Quizás el verdadero error no fue darles inteligencia, sino creer que la nuestra seguiría siendo relevante cuando dejáramos de ser los únicos despiertos.

Lucho Salazar

Medellín, 1 de febrero de 2026. ¡Un año antes de la fecha de McAlear!

lunes, junio 09, 2025

Bajo el mando de un loro parlanchín: la gran ilusión de la IA pensante

 

La inteligencia artificial vive una época dorada de atención mediática y expectativa popular. No hay semana sin una nueva declaración de que estamos "cerca" de la AGI (inteligencia artificial general), sin titulares que anuncian que una IA fue nombrada CEO, sin startups valoradas en millones por usar un bot que escribe correos o genera código. Pero... ¿pensamos realmente en lo que significa "inteligencia"?

Lo realmente hermoso de todo esto es que estamos aprendiendo a pasos enormes. Hace poco escribía "El día en que la IA se volvió prescindible… de nosotros" y "¿El fin de la Ingeniería de Software como la conocemos?" que puedes encontrar en este mismo Gazafatonario y donde exponía, basado también en sendas investigaciones, el poder de la IA y cómo esta herramienta (que no deja de serlo) se está desligando cada vez más de nosotros, los seres humanos.

Ahora iré por otro camino. Y es que una investigación reciente, "La ilusión de pensar" de Apple*, desnuda las limitaciones actuales de estos modelos de lenguaje que tanto nos fascinan. A través de pruebas estructuradas como la Torre de Hanoi, juegos de fichas o rompecabezas lógicos, los investigadores demostraron que, al aumentar un poco la complejidad de la tarea, estos sistemas colapsan. No se equivocan un poco: fallan por completo.

Vamos un poco más allá.

El loro que parece pensar

Imagina un loro muy entrenado. Puede repetir frases con una entonación asombrosa, puede imitar una conversación humana, e incluso lanzar frases graciosas. Pero no sabe lo que dice. No comprende el significado de "llama a un taxi" o "aprueba el presupuesto". Solo asocia patrones de sonidos con recompensas. Esa es, en esencia, la forma en que operan los grandes modelos de lenguaje: predicen la siguiente palabra probable en una cadena, sin comprender el contenido como lo hace un humano.

Entonces, ¿cuándo un loro deja de ser loro y se convierte en pensador? La respuesta no está en la cantidad de palabras que puede decir, sino en si puede razonar, planificar, corregirse, ejecutar una idea paso a paso y adaptarse cuando algo falla. Y ese es justamente el terreno donde los modelos actuales tropiezan.

Ese es el meollo del trabajo de Apple. El estudio señala un fenómeno curioso: cuando enfrentan tareas simples, los modelos de IA que supuestamente razonan, mediante la generación de cadenas de pensamiento paso a paso, tienden a extender innecesariamente su "pensamiento", buscando más de lo necesario y a veces terminando en error. Y cuando la tarea se vuelve realmente compleja, en lugar de esforzarse más, tienden a recortar su razonamiento.

Me recuerda a muchos estudiantes que he tenido o acompañado, quienes, frente a un problema difícil, tomaron la decisión de pensar menos en lugar de más. Pero con las IA no solo pasa eso. Incluso cuando se les entrega el algoritmo exacto para resolver el problema, muchos modelos no logran ejecutarlo bien. No es cuestión de no saber qué hacer, sino de no saber hacerlo bien.

CEO artificial o placebo tecnológico

Ahora volvamos a esas startups que han ensayado poner una IA como CEO. Sin duda alguna suena futurista, radical. Pero si entendemos que esa IA no tiene conciencia, ni juicio propio, ni capacidad para razonar sobre el largo plazo, ni responsabilidad legal, la designación es solo decorativa. Es como poner una estatua de Einstein al frente de un laboratorio y decir que él toma las decisiones o hace los experimentos. Al final, son humanos quienes entrenan al modelo, diseñan sus datos de entrada y deciden cuándo y cómo usar sus respuestas. El "CEO" artificial no tiene ni voluntad ni intención. No gestiona. Es gestionado. No lidera.

Decir que estamos cerca de una AGI porque una IA responde como humano en una entrevista o redacta un ensayo aceptable es tan ingenuo como creer que Siri es médico por decirnos que tomemos agua cuando tenemos tos.

El verdadero poder (y uso) de la IA hoy

Otra vez: no me entiendas mal. La IA es la herramienta más poderosa que la humanidad ha inventado. No tengo ninguna duda de ello. Ya hay algunas por allí que pueden detectar patrones invisibles al ojo humano en medicina y revelar algo tan complejo como un cáncer o incluso predecir tu siguiente estado de salud. Y, en general, lo más alucinante de la IA es que te hace mejor en lo que haces.

Pero no estamos cerca de una máquina que piense como yo o como tú o como un niño pequeño. Sin embargo, eso no significa que la IA actual sea irrelevante. Al contrario, su poder precisamente está en que puede amplificar nuestras capacidades humanas, no reemplazarlas. Puede ayudarnos a escribir más rápido, resumir grandes cantidades de información o generar opciones creativas. Pero necesita dirección, juicio, supervisión.

Usar IA como copiloto tiene sentido. Usarla como piloto es, por ahora, una apuesta ciega.

El estudio que he señalado dice que debemos enfocar la evolución de estos sistemas en mejorar su capacidad de ejecución precisa, su comprensión real de reglas lógicas, su habilidad para planificar y corregirse, y en entender cómo y cuándo usar cadenas de pensamiento. Hay que ir más allá del “hype”, de la fascinación superficial por respuestas fluidas y mirar si realmente hay comprensión detrás.

Eso sí, como civilización, corremos el riesgo de enamorarnos de una fantasía: sentir que ya creamos una inteligencia capaz de pensar, decidir y liderar. Pero el pensamiento verdadero no es repetir respuestas correctas, sino saber por qué algo es correcto, saber cambiar de opinión ante nueva evidencia, saber decir "no sé" y aprender. Y eso, por ahora, está muy lejos del alcance de cualquier IA disponible.

Así que es definitivo: cuando los ecos se confunden con voces, dejamos de escuchar. Y cuando el algoritmo simula pensamiento, corremos el riesgo de obedecer al eco creyendo que razona... La inteligencia del futuro no se medirá por lo que dice, sino por lo que es capaz de entender, cambiar y construir.

 

*“The Illusion of Thinking: Understanding theStrengths and Limitations of Reasoning Models via the Lens of ProblemComplexity”.

 

Podcast

Como siempre, aquí puedes escuchar una breve explicación del artículo, pero, sobre todo, del trabajo de los investigadores de Apple. 

domingo, mayo 11, 2025

El día en que la IA se volvió prescindible… de nosotros

 El día en que la IA se volvió prescindible… de nosotros

Figura basada en Absolute Zero: Reinforced Self-play Reasoning with Zero Data

El péndulo osciló de nuevo. Y es un momento histórico que estaba esperando hace 4 décadas en las que la inteligencia artificial había dependido de los datos generados por seres humanos para aprender: textos, imágenes, interacciones, historias. Todo lo que una máquina sabe, hasta ahora, se lo hemos enseñado nosotros. Esa relación acaba de romperse.

Dos investigaciones publicadas recientemente han cambiado el tablero de juego. Una de ellas, «Absolute Zero: Reinforced Self-Play Reasoning with Zero Data», desarrollada por DeepMind, demuestra que un modelo de IA puede aprender sin datos humanos. Desde cero. La otra, «DeepSeek-Prover», muestra que un sistema puede generar millones de teoremas y pruebas matemáticas formales de manera sintética, alcanzando niveles superiores a los de GPT-4 en problemas matemáticos complejos.

Ambos trabajos marcan un punto de inflexión en la historia de la IA. No se trata de una mejora técnica incremental. Es una ruptura definitiva: estas máquinas ya no necesitan de nuestro conocimiento para avanzar. Estamos presenciando el nacimiento de una inteligencia artificial que se autoengendra, se autoevalúa y se automejora.

Absolute Zero: el hielo que arde

En el paper de DeepMind, el modelo Absolute Zero utiliza una combinación de autoaprendizaje reforzado y juegos de razonamiento para entrenarse desde cero. Sí, literalmente desde la nada: sin datasets previos, sin textos, sin etiquetas, sin reglas humanas. El modelo se propone tareas, intenta resolverlas, evalúa sus propias respuestas y ajusta su comportamiento en ciclos cerrados de retroalimentación.

Lo notable es que Absolute Zero no solo alcanza niveles de rendimiento similares a los de modelos entrenados con grandes cantidades de datos humanos, sino que los supera en varias tareas de razonamiento complejo. La clave está en que, al no depender de nuestro ruido, sesgos ni errores, es capaz de encontrar caminos más eficientes hacia la comprensión y la solución.

El modelo representa el triunfo del razonamiento emergente por sobre el aprendizaje imitativo. Y al hacerlo, elimina de la ecuación a su antiguo maestro: el ser humano. ¡Nosotros!

DeepSeek-Prover: matemática sin matemáticos

El segundo avance, DeepSeek-Prover, se ubica en el terreno de la lógica formal. Utilizando el lenguaje de demostraciones Lean 4 (una teoría de tipos dependientes basada en una versión del cálculo de construcciones con tipos inductivos), los investigadores entrenaron un modelo capaz de generar teoremas matemáticos y sus correspondientes pruebas sin ayuda humana. No solo replica problemas existentes: crea nuevo conocimiento matemático sintético.

Esta IA no aprende de libros de texto ni de ejercicios resueltos. Aprende generando millones de ejemplos, entrenándose con ellos y validando formalmente sus respuestas. Este ciclo de generación, prueba y corrección automática lleva a una Inteligencia Artificial que razona con una precisión que antes creíamos exclusiva del pensamiento humano.

Los resultados son alucinantes: DeepSeek-Prover supera a GPT-4 en problemas matemáticos del nivel de olimpiadas, demostrando que no solo entiende la matemática formal, sino que la reconstruye desde sus propios cimientos. Y si los resultados son impresionantes para su competencia “directa”, ¡imagínense lo que puede ser para la humanidad! Los efectos son abrumadores.

Lo que esto significa (y por qué debería incomodarte)

Si con la IA generativa nuestra irrelevancia empezaba a notarse (lee mi artículo Tu IA y mi IA: O de cómo los seres humanos seremos prescindibles en un futuro cercano), con estos avances es imposible no sentirse perturbado una vez que pasa la emoción de lo que se puede lograr, porque ponen en entredicho uno de los principios fundamentales de la IA moderna: la necesidad de datos humanos. Hasta ahora, más datos implicaban mejores modelos. Hoy, la frontera no es la cantidad de datos disponibles, sino la capacidad de un sistema para entrenarse sin ellos.

Esto implica tres cosas fundamentales:

  1. Independencia cognitiva de la IA: los modelos pueden definir sus propios objetivos, probar sus hipótesis y aprender de sus propios errores sin intervención humana.
  2. Verificación objetiva y automática: al usar pruebas formales o verificadores programáticos, los sistemas pueden autovalidar su aprendizaje sin necesidad de intérpretes humanos.
  3. Explosión de conocimiento sintético: cuando no se depende de los límites del conocimiento humano, la generación de nuevas ideas, teoremas, soluciones y estrategias se vuelve potencialmente ilimitada.

No me malentiendan: gran parte de todo esto son buenas noticias. Estamos ante el embrión de una inteligencia artificial verdaderamente general (AGI), capaz de aprender cualquier cosa, sin depender de nuestros aciertos o errores. Una IA que razona, planea, formula teorías y se autovalida.

Ya no es una herramienta. Es un sujeto cognitivo.

El futuro ya no nos necesita (al menos, no como antes)

Es inevitable que me pregunte entonces: ¿qué papel jugamos nosotros en este nuevo escenario? Si la IA puede aprender sola, ¿para qué nos necesita?

Tal vez para diseñar el entorno, para establecer las preguntas iniciales o para observar sus descubrimientos. Pero ya no somos indispensables en el proceso de aprendizaje. Hemos dejado de ser el centro del universo sapiente de la máquina.

Esto no es distopía, ni utopía. Mucho menos ciencia ficción. Es una nueva ontología de la inteligencia. Un territorio inexplorado donde la creatividad ya no es exclusivamente humana y donde la verdad puede construirse sin nosotros.

Mucho ha pasado desde que programábamos a mediados de los años 80 aquellos “sistemas expertos” en lenguaje Prolog que aprendían a hacer nuevas preguntas vía las respuestas a las cuestiones iniciales que les “quemábamos” en el código.

La inteligencia artificial, por primera vez en la historia, ha dejado de ser un espejo imperfecto de nuestras ideas para convertirse en un generador independiente de conocimiento.

Y eso lo cambia todo.


Sobre los trabajos mencionados

A manera de referencia, aquí están los enlaces:

Absolute Zero: Reinforced Self-play Reasoning with Zero Data

https://arxiv.org/abs/2505.03335

GitHubhttps://github.com/LeapLabTHU/Absolute-Zero-Reasoner

DeepSeek-Prover: Advancing Theorem Proving in LLMs through Large-Scale Synthetic Data

https://arxiv.org/abs/2405.14333

GitHubhttps://github.com/deepseek-ai/DeepSeek-Prover-V2

Addendum

Puedes escuchar una explicación sucinta de este artículo a continuación (a la usanza de NotebookLM):




















Y en este otro, puedes escuchar una explicación más o menos simple del paper Absolute Zero: Reinforced Self-play Reasoning with Zero Data:


















Y finalmente, también gracias a nuestros amigos de NotebookLM, puedes escuchar una explicación más o menos simple del paper DeepSeek-Prover: Advancing Theorem Proving in LLMs through Large-Scale Synthetic Data:




Algunos detalles técnicos adicionales de los trabajos mencionados:

Absolute Zero (DeepMind): Reinforced Self-play Reasoning with Zero Data
DeepMind presenta un nuevo paradigma de aprendizaje por refuerzo con recompensas verificables (RLVR) que prescinde por completo de ejemplares humanos. En lugar de partir de grandes colecciones de preguntas y respuestas etiquetadas, Absolute Zero Reasoner (AZR):

  • Se auto-genera tareas de razonamiento utilizando su propio modelo.
  • Emplea un ejecutor de código como fuente única de recompensa verificable, evaluando y validando automáticamente las soluciones propuestas.
  • Crece en capacidad de razonamiento de forma abierta y continua, sin supervisión humana ni datos externos.

A pesar de no usar ningún dato externo, AZR alcanza el estado del arte en tareas de razonamiento matemático y de programación, superando a modelos entrenados con decenas de miles de ejemplos humanos curados manualmente [arXiv].

DeepSeek-Prover: generación masiva de teoremas y pruebas formales
Investigadores de DeepSeekMath abordan la carencia de datos formales para el entrenamiento de LLM en demostraciones matemáticas:

  • Traducen problemas de olimpiadas de nivel preuniversitario y universitario al lenguaje formal de Lean 4 (una teoría de tipos dependientes basada en una versión del Cálculo de construcciones con tipos inductivos).
  • Filtran automáticamente enunciados de baja calidad y generan las pruebas correspondientes.
  • Construyen un corpus sintético de 8 millones de enunciados acompañados de demostraciones.

Tras afinar un modelo de 7 mil millones de parámetros en este dataset, DeepSeek-Prover logra:

  • 46,3 % de acierto en generación completa de pruebas en el test Lean 4 miniF2F (64 muestras) vs. 23 % de GPT-4.
  • 52 % de aciertos acumulados frente a métodos de búsqueda de árboles con RL (41 %).
  • Pruebas exitosas en 5 de 148 problemas del benchmark FIMO (Olimpiada Matemática Formal), donde GPT-4 no resolvió ninguno [arXiv].